Prejuicios: virus mental que te aleja de tus sueños

Prejuicios: virus mental que te aleja de tus sueños

Prejuicios  es un “virus mental” que nos aleja de vivir experiencias o de disfrutarlas plenamente: no me gusta esto o lo otro, en bloque, me he definido así, no me lo cuestiono y bloqueo todo lo que no encaje en esos límites que yo mismo he creado. 

Esta forma de pensar impide que la vida te sorprenda con cosas que nunca imaginarías que serían posibles.

La visualización del vídeo del final de este post me transportó a aquella vez que sin esperarlo me encontré en medio del Royal Albert Hall de Londres presenciando un concierto de música clásica, con los mejores músicos del mundo y en lo que para mí era el mejor lugar: en el patio de butacas, pero sin asientos.

Si hubiera hecho caso a mis prejuicios y también al fatalismo que me rondaban nunca hubiera vivido esta experiencia. 

Esta foto la hice mientras disfrutaba de este regalo inesperado

 

Te cuento mi anécdota como ejemplo de lo que los prejuicios pueden NO hacer por ti:

En agosto de 2.012 viajé a Londres. Ese día paseaba por Hyde Park al atardecer, después de haber estado todo el día caminando. Una larga cola en la entrada de un bonito edificio llamó mi atención. Miré la guía que llevaba para ver qué era eso y descubrí que era el Royal Albert Hall.

Leí esto: “En el Royal Albert Hall se celebran los conciertos de paseo (los proms), de gran calidad, que animan las veladas veraniegas desde hace un siglo. Se celebra un concierto cada noche de mediados de julio a mediados de septiembre. Especificamos a los que están sin blanca que la cola para las localidades menos caras (¡de pie!) se hacen detrás del edificio…..”

Tenía muchas ganas de vivir experiencias, pero también me rondaban pensamientos como:

  • “Uff, las entradas más baratas serán caras igual, en Londres todo es muy caro”
  • “Ya es demasiado tarde, seguro que están todas agotadas ya, con toda la gente que hay… En Londres se reserva todo con mucha anticipación.”
  • “No voy vestida apropiada”
  • “De pié todo el concierto y a saber dónde, las entradas más baratas serán en los peores sitios y encima me van a doler los pies aún más”
  • ….

Pues esas ganas (intención) hicieron que:

Igualmente me dirigiera hacia la parte trasera del edificio a preguntar. Mi sorpresa fue que habían entradas y costaban ¡sólo 5 libras!

No sólo no era tarde, sino que llegué perfectamente a tiempo, incluso tuve que esperar unos 15 minutos ya dentro y asombrada por lo que estaba viendo:

Un recinto bellísimo, espectacular, con las gradas llenas y yo en medio de todo, en el patio y sentada en el suelo. 

La postura era libre, es más, habían unos señores de unos 70 años tumbados en el suelo, como si estuvieran en el sillón de su casa o en el césped del parque, disfrutando de los sonidos que emitía la orquesta como si fueran grandes delicatessen que penetraban por sus oídos sin parar.

Con respecto a la vestimenta, también estaba equivocada. Ahí cada uno iba a su bola, había desde alta costura hasta estilo hippy descuidado.

Todos esos prejuicios del principio fueron uno por uno derrumbándose con la realidad, que superaba con creces lo que esperaba de ella. 

Estos fueron los míos, que esta vez no me frenaron. Ahora piensa en algún prejuicio que tú tengas.

Se me ocurren por ejemplo muchos prejuicios que existen en la música (como en casi todo) y que he oído muchas veces:

  • La música clásica es aburrida
  • La música electrónica no es música

¡¿Cómo?! Para cuestionarlos, nada como el mágico Royal Albert Hall, con el siguiente concierto de verano, de los Proms, de esos que vas por detrás y pasan estas cosas:

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